Como el tiempo seguía negro, y no quería realizar un gasto excesivo en Poitiers, salí más tarde, aprovechando un hueco de sol. Ya que, al no llover, pensé que tendría un margen de unas 4 horas para llegar a Chatellerault, dónde parecía haber otro albergue barato.
El tema de los albergues ya se estaba convirtiendo en una lotería, igual existían que no, igual abrían en dos semanas, una lotería...
A estas alturas ya no forzaba nada, de manera que el camino se me hacía un poco más largo, pero lo disfrutaba un poquito más. En esta ocasión recorría un total de 35 km. Paré en alguna ocasión para comer de super y descansar un ratito... Llegué sobre las tres a Chatellerault y busqué rapidamente la oficina de turismo.
Había una pareja que acogía, pero tenía que esperar un par de horas a que vinieran a recogerme. Así que hice tiempo dando una vuelta por la ribera del Vienne e intentando encontrar un café con Wifi...
Llegó, Margarita, una profesora de unos 55 años que se había mudado a Ingrandes, una población agrícola que no tenía ni un bareto, y mucho menos una tienda. Allí fuimos. Ella y su marido, habían comprado allí una pequeña granja, donde a fueraparte de algunos pequeños cultivos, tenían patos, gallinas, conejos... Se habían apartado del mundanal ruido, tras la jubilación de él y se dedicaban a la vida campestre.
Hicieron hueco en la parte de arriba de la casa para peregrinos. Margarita tenía por costumbre que los invitados cenaran con ellos, así que no rechace su invitación. Además la comida casera me vendría bien.
Vivían con la madre de él, una señora agradable, aunque si ya de por sí no entendía demasiado bien el francés, el de esta señora menos. Así que limitaba a asentir y poner caras... Su hijo era bastante serio, se interesó por mi viaje... compartío conmigo su experiencia haciendo el camino de Santiago años antes, cuando también tuvo que dormir alguna vez a la intemperie.
La velada, en líneas generales, transcurrió agradable. Estos fueron los días del atentado de Tolouse. Así que también atendimos un rato al televisor y Margarita me traducía un poco el horror.
Por la mañana salí sin descanso, ya lo veía cerca.
El traslado de Elvira Roda a Castellón a finales de enero fue «muy duro», pero se ha adaptado sin problemas a su nuevo hogar
Elvira, la madre de la valenciana Elvira Roda, conocida
como la 'chica burbuja' por estar afectada de Sensibilidad Química
Múltiple (SQM), asegura que su hija se ha adaptado «de maravilla» al
ambiente de Montanejos. Allí llegó a finales del pasado enero, después
de que un desafortunado incendio le obligase a abandonar su vivienda
habitual, una casa adaptada a sus necesidades sita en la playa de
Alboraya.
«El traslado fue muy duro», recuerda la madre, quien
agradece a Dios -pero sobre todo a la familia castellonense que ha
acogido a su 'pequeña'- el hecho de que ésta se encuentre sana y salva
en Montanejos. «El aire le está sentando muy bien y, aunque hace frío,
se encuentra a gusto», indicaba al respecto. Y es que no hay que olvidar
que la enfermedad que padece esta joven valenciana es una dolencia
crónica basada en la alergia a multitud de agentes, con lo que el simple
hecho de que fumiguen la zona en la que ahora se encuentra -y que su
familia no quiere concretar por motivos de seguridad «y por respeto al
matrimonio que le ha invitado a compartir su hogar, junto a sus propios
hijos»- podría hacer que su ya de por sí crítico estado de salud
empeorase.
De hecho, cuando la casa de Elvira se incendió, ésta tuvo
que pasar varios días viviendo -y también durmiendo- a la intemperie,
pues su patología no le permite resguardarse en cualquier lugar. Tiene
que ser en una casa especialmente acondicionada a sus necesidades, como
la vivienda ecológica de Montanejos en la que ahora habita y que sus
propietarios le ofrecieron cuando se enteraron de lo sucedido por los
medios de comunicación.
«Ha sido una gran suerte», explica su madre al respecto,
pues cabe recordar que, al principio, ni ella ni el resto de sus
familiares las tenían todas consigo. Lo más complicado, apuntaba Elvira,
«fue, sin duda, el traslado». Y es que a pesar de que la Sensibilidad
Química Múltiple es una patología que padecen decenas de personas no
sólo en la Comunitat Valenciana sino en toda España, ésta no está
reconocida como tal por las administraciones.












